HOSPITALIDAD


Otras vez hospitalizado. De nuevo una molestia y dolor. Ya me la sé así que me fui en chinga al hospital porque si dejo pasar más tiempo, duele más.

Pero como siempre, las cosas no son fáciles en México aún y con el varo pa’ pagarlas. Hay que dar explicaciones, dinero, leer documentos que no mitigan el dolor, ver jetas que no alivian nada.
Primero un doctor que valore, luego otro que haga un exámen, luego otro que vuelva a decidir que hacer. A todos ellos hay que contarles lo mismo. Todos ellos tocan donde duele. A sus respectivas enfermeras hay que contarles lo mismo. Pero eso no es lo peor. Eso no duele.

Hay veces que otro doctor te hace preguntas al mismo tiempo que una enfermera te hace otras. No sé a quién responderle primero. Mi familia me enseñó que primero las damas. Así que respondo primero a la enfermera pero el doctor no se calla, sigue pregúntando sobre mi dolor, qué medicamentos tomo, qué operaciones me han hecho. A la enfermera también medio le vale madre y me pregúnta si soy alérgico a algún alimento, a algún medicamento. NORMALMENTE le pediría al doctor que me diera un momento en lo que le respondo a la enfermera. Pero de verdad que ya no sé qué hacer. ¿Y si se molesta? ¿Y si por eso no me pone anestesia?

Para acabarla de chingar, pasa Enrique Guzmán en silla de ruedas (sí, ESE Enrique Guzmán) afuera de mi cubiculo de urgencias rodeado de 6 personas. Así que, o le respondo a la enfermera o al doctor de urgencias o veo a Enrique Guzmán.

Entonces, respondí como pude. Estresándome.

El tiempo es un gran pedo en un hospital. Todas las personas hablan en lapsos de tiempo como “temprano”, “al rato”, “mas noche”, “mas tarde” y “luego”.

– Al rato le van a venir a poner un cateter en la yugular para que todo sea mas sencillo.

¿Verdad que “un cateter en la yugular” no suena nada “sencillo”?

Pero bueno, eso es nuevo. Nunca me han puesto un cateter en la yugular. Seguro va a doler. Como todo lo que te hacen cuando ingresas de urgencia a un hospital. Pero ojo, ese “al rato” quién sabe a qué hora será. Es la una de la tarde del jueves 3 de diciembre. Claro, empieza el conteo regresivo y el puto estrés de quién sabe a qué horas, quién sabe quién, me va a meter quién sabe qué madre en la yugular.

Quién sabe si duela pero es casi seguro que sí. A menos que vayas acribillado te van a poner un cateter inmediatamente cuando el doctor diga: “¡Cateter!”. Si no vas acribillado sepa la chingada a que horas te lo van a poner. Pero eso no es todo. El dolor por el que ingresaste al hospital ya está más cabrón y ahora está aderezado con el terror y la anticipación del dolor que sentirás cuando te pongan un cateter en la yugular quién sabe a qué horas, quién sabe quién, quién sabe cómo. Eso será… “al rato”.

No he desayunado ni comido. Si te hacen algún examen es mejor ir en ayunas. Así que traté de ahorrar tiempo para que no me dijeran: “vamos a tener que hacerle ese estudio MÁS AL RATO o MAÑANA porque requiere estar en ayunas”.

Llevo prisa para ser diagnosticado y ser intervenido o no. Son los días de más compromisos de trabajo. Por varios motivos debo saber si me quedaré internado o podré salír medicado, cumplir con los compromisos y regresar en dos semanas.

Firme aquí. Firme acá. La renta del equipo cuesta tanto, de eso le doy recibo, pero de los honorarios del doctor él mismo le dirá cuanto es y le paga a él.

En cierto momento te quedas solo y quieres llamarle a la familia para avisarles que todo está bien. Pero la familia también hace preguntas. Hay que explicarles todo también; primero a tu mamá, luego a tu papá, luego a tus hermanos y a tu mujer, claro.

También hay que hacer llamadas de trabajo. Muchas. E-mails de trabajo. Muchos.

-Señorita, ¿sabe si me van a pasar a piso o si me voy a ír?
– En un ratito nos informa su doctor.

Ese ratito fue de media hora nomás. Me asignan habitación. Me quedaré en el hospital. Eso quiere decír que hay más probabilidades de cirugía y que no podré cumplir personalmente con algunos compromisos de trabajo. Chale. Más llamadas, más e-mails. De familia y de trabajo. Hay compañ[email protected] de trabajo que son familia, claro.

Más interrogatorio médico. Ahora, se suma al escuadrón de interrogadores el personal del seguro médico. Firme, lea, escriba, dígame cómo. No puedes dormír. No puedes descansar. El dolor cesa un poco en lo que tratas de responder los cuestionamientos del seguro de gastos médicos.

Suena el celular. Es mi mamá, preocupada. El personal del seguro sigue preguntandome cosas. “Espérame, mami. ¡Estoy viendo lo del seguro!”.

– Seguro: ¿Ya renovó su poliza? ¿Hay estudios que avalen su ingreso?
– Enfermera: ¿Esta es toda la ropa que trae?
– Doctor: ¿Se puso crema y gel ó loción? Porque hoy va a la cámara hiperbárica y no puede entrar así…
– Camillero: ¿Puede ponerse de pie o le ayudo…?

Los cuatro al mismo tiempo.

Las respuestas de Enrique Guzmán a sus 6 interrogadores deben ser geniales.

Mi mujer llega y también nuestro doctor de cabecera. Hay una especie de caos en mi cubículo de urgencias. Espero que no lleguen acribillados, ni atropellados, ni anarquistas golpeados por policías porque tendría que cederles mi lugar por ética personal y la neta… estoy ya más comodo en la estrecha cama porque el antibiotico y el analgesico intravenoso ya empezaron a chambear. Me provocan calor.

“Ya viene el especialista a valorarlo”. Ojo: no hay hora exacta o aproximada. “Ya viene”. ¿A qué hora? Quién sabe.

Total que no llega el especialista. Llegará “mas tarde”. El camillero y la enfermera me ayudan y ahora yo voy en una silla de ruedas como Enrique Guzmán. Me da algo de pena porque lo que tengo no es un balazo, no es un golpe provocado por un conductor ebrio, es algo doloroso pero tratable. Cuando entro a la habitación me parece ver un helicóptero en la ventana. ¿Qué buenas drogas, no?.

No. Sí era un helicóptero llegando al hospital. Mi ventana está a diez metros del heliopuerto. ¡Yeah!. Cálmense, pinches hombres de mundo! Ustedes ven helicópteros a diez metros diario, ¿no?

Hablando de helicópteros: ¿Por qué en las mañanas en la ciudad de México pasa un pinche helicóptero con la sirena a todo volúmen? ¿Para que lo dejen circular los cientos de miles de helicópteros que le obstruyen el paso o que pedo?. Weird.

Mi mujer está algo molesta porque tiene mucho trabajo y yo aquí haciendo drama en un hospital alejado de su centro de labores. Como que en algún momento ella quisiera que soportara el dolor como Spartan, tuviera un abdomen como Thor y le dijera con voz de The Rock: “No te preocupes, baby. Tu ve a trabajar, yo me amputo la pierna en chinga y saco al perro a pasear, sin pedos”.

“The man I’ll never be” – Boston.

El doctor me vuelve a recordar que ya “en un momento” subirá alguien a ponerme un cateter en la yugular. Ya se les había olvidado, ¿verdad, cabrones?. A mi también. Vale madre.

Llega una certeza: a las 8 pm debo estar en la cámara hiperbárica. Eso quiere decir, que me tengo que bañar para quitarme todos los residuos de shampoo, loción, desodorante, lipstick y rimmel que pueda tener porque hay que entrar purificado a eso.

Son aproximadamente las 3 pm. Llegan enfermeras y se presentan. Bien chidas como siempre. Pero… hay qué explicarles también a ellas que onda. Ya acostado y dependiendo de una cosa que es como un androide que sostiene suero, medicamentos y aparatos electónicos, vuelvo a ver al helicóptero pero ahora se va. Pido que me abran las persianas para ver el periférico, su segundo piso, algunos edificios cercanos. Al rato que me pare, todos allá afuera podran ver mis nalgas ya que claro, solo traigo puesta la ya clásica batita de hospital que nadie puede amarrarse bien.

Me estoy quedando dormido… bien chido… pero alguien toca y entra. Es el jóven que trae la comida. Al fín. “Algo es algo, dijo un tuerto” (eso se lo copié a mi papá). Es que pues estoy a dieta blanda (me acabo de enterar). Yo creo que no me trajeron de comer porque tuviera hambre sino porque debo entrar a la cámara hiperbárica ya con alimentos en la panza. Pero se agradece.

Dos vasos de agua de papaya. ¡Qué bien! Ya tenía un chingo de set. Ando bien pendejo. Discúlpen. Ultimamente me da por decir “set” en lugar de “sed”. Me gusta más.

Más e-mails, whatsapps y llamadas telefónicas. Ahora sí… a dormír un po… NI MADRES. Entra el personal del seguro con más pregúntas. Mi mujer regresó a su trabajo hace como media hora y hay datos que no tengo a la mano. Y si los tuviera no puedo moverme. Me dejan números telefónicos. Y se van.

Ahora sí… a dormir un po… NI MADRES. El androide empieza a hacer ruido y entra una enfermera. El medicamento se acabó, hay que poner más y de paso acomodarme la agujota que traigo incrustada en la mano. Muchísimas gracias.

Ahora sí. Al fín. A dormir un po… NI MADRES. Entra mi doctor de confianza y me dice:

– Todo bien, Roberto. Ya descansa. No te preocupes de nada. Ya tu mujer hablará con los del seguro. Tú ya relájate y déjate consentir. ¿Qué te dijo el especialista?
– Ehhh… nada…

Y me quedé pensando a ver si por las drogas chance ya no me acordaba que había pasado el especialista. Otra vez estrés.

-¿No ha venido el especialista?
– NNNNo, doc.
– ¿Ni su asistente?
– No, doc.
– Ay, ay… ¿no te digo?. Bueno, déjame ver que pasa. Lo acabo de ver allá abajo y me dijo que ya venía. Le voy a llamar. Tu recuestate y no te preocupes. Todo va a salír bien.
– OK, doc. Gracias.

Hago memoria. Me cae de madre que no vino ningún especialista. ¿O si?. No, me cae que no. Bueno, ya mucho pinche estrés. Voy a tratar de dormir un po… NI MADRES.
Vuelve a entrar mi doc.

– ¿No te han puesto el cateter?
– Ehhh, no.
– No puede ser.
– De hecho, quisiera que ya de una vez que suene, doc. Prefiero sentir el dolor de una vez y no estarlo esperando sin saber a que hora va a suceder.
– Sí. Te entiendo. Déjame ver qué pasa.

El doc sale de la habitación ya hablando por celular. Entra una amable enfermera y me dice que debo firmar otros papeles. Es el consentimiento de que me pongan el cateter. Lo firmo y pongo mi nombre. Ella se va. Ahora si: a dormir un po… co.

No sé cuanto dormí. 15 ó 20 minutos. Entra mi doctor de confianza:

– Ya, Roberto. Que no le habían avisado a la doctora que te va a poner el cateter. Pero ya está avisada y que viene a las 8 pm
– Oiga, doc. Pero a esa hora voy a cámara hiperbárica.
– ¿De verdad?
– Si.
– A ver, déjame llamarle a la doctora.

El doc le llama a la doctora que me pondrá el cateter. Le explica el tema hiperbárico. La doctora le dice que no hay problema y que me pondrá el cateter entonces a las 10 pm. ¡Claro! O sea, la espera más larga.

El cateter, les dije, no se pone cuando el doctor dice: “¡CATETER!”. Se pone “más tarde”. No hay hora exacta. Y así sufres de angustia e incertidumbre TODO EL DIA. TODA LA TARDE. TODA LA NOCHE. Porque esa madre seguro va a doler. Seguro.

Ahora si, a dormir un po… NI MADRE.
Entra otra enfermera:

– ¿Está listo para su baño, señor Roberto?
– Si, claro. Pase.

¡Claro que no estoy listo! ¡No he dormido! ¡Estoy cagandome de miedo por la cuchillada que me pondrán en la yugular! ¡Me duele esa madre por la que ingresé a emergencias en primer lugar! ¡Mi mujer está que se la carga la chingada de trabajo, trámites de su pinche Spartan gordo que nada más está de pinche nena y de que no hay con quién dejar a los perros! ¡No estoy listo! No me puedo mover del puto dolor y porque estoy atado a C3-PO. Y ya sé que bañarse así es un pedo: Hay que llevar al pinche androide a donde uno vaya, hay que quitarse la pinche batita ahí con la enfermera, hay que proteger el arpón que tengo en la mano para que no se moje, ella va a meter mi mano a una bolsa de plástico y la va a sellar lo mejor que pueda con cintas que se pegan a la piel y te jalan los vellos. Lo peor es que no te puedes bañar bien. Si quieres tallarte los huevos y el culo, no se puede porque el androide no deja que los tubitos de plástico se estiren tanto. Ya sé todo lo que viene. Y ya estoy desesperado. Pero todo eso lo resumo en un “Sí” que le digo a la amable enfermera. Y òrale: A bañarme.

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Me bañé lo mejor que pude. La enfermera ofreció ayudarme pero le dije que yo ya tenía experiencia en esto. Aún así, estuvo al pendiente en todo momento.

Salgo de bañarme, me seco lo mejor que puedo y me siento cerca de la ventana para ver el Periférico que ya va atascado. Apago la luz de la habitación para disfrutar mejor la vista… 15 minutos después entra el especialista (hombre maduro) y su asistente (mujer jóven). Ella iba a prender la luz, él le dice que no lo haga. Que así está bien.
Nos saludamos y me dice:

– ¿Así disfruta más la vista, no?
– Si, doctor. No siempre se tiene esta oportunidad.

Me cuenta que ya habló con los doctores y que está al tanto de todo. Ve que estoy tomando té y que ya cené. Le digo que en un momento me llevarán a la hiperbárica.
¡¡¡No me revisa ni nada!!!
Debe ser un gran doctor.
Me dice: “¡Qué bien! La cámara hiperbárica va a ayudar mucho. Y ya hablé con su doctor. Es un doctor excelente. ¡Todo el peso de la ciencia le está cayendo, señor Roberto!”.
Su asistente sonrié. Yo sonrío y agrégo: “Pues desde la ocasión anterior, Doctor. ¡Y heme aquí!”.

Solo sonrío yo con ese comentario. Ambos se despiden diciéndome que MAÑANA, decidirán si me operan de una vez o el sábado. Se van. Y yo comeinzo a estresarme: “Mañana… a que hora?”.

Llegan enfermera y camillero. Vámonos a hiperbárica. Algunas personas que están de visita en el hospital me ven mientras soy transportado en silla de ruedas. Me da pena.
Llego a hiperbárica esperando ver a la guapa encargada de ese departamento pero no. No está. Hay dos miembros del staff también muy amables pero no tan [email protected] Preparativos de rutina y entro a hiperbárica. Un poco claustrofóbica la experiencia pero con la costumbre se puede controlar. Me pregúntan qué quiero ver en la tv ya que es un procedimiento de 90 minutos. Pido el canal de la BBC (siempre hay algo chido) pero al surfear por los canales está el América-Pumas.

Hoy he tenido dolor, estrés, hambre, angustia y terror. No soy ni guapo ni mamado como los dos protagonistas de la versión 2015 de “El Agente de Cipol”. No puedo abrír, cauterizar y suturarme partes del cuerpo como Rambo para no estar aquí molestando gente. Me ven raro al ir por los pasillos del hospital (¡punk rock, cabrones!). No están mis perros aquí conmigo (chale, si estoy llorando), no pude hacer mi turno radiofónico que me gusta un chingo, no podré tocar con mi banda dos veces este fin de semana, sigo esperando que me metan una madre en la yugular y aún no me tocan la zona del cuerpo donde traigo un puto dolor mamón.

Sí. ¡Déjele al pinche futbol! ¡Quiero idiotizarme! ¡NO QUIERO PENSAR! ¡VENGA TODO EL PINCHE PESO DE LA CIENCIA!

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Creo que es momento de dejarles un video que disfruto mucho. Chance les pasa lo que a los morritos que están en el público: Después de un rato se aburren y se ponen a hablar y a gritar. Pero si le entran al mood es muy disfrutable. Saludos.

THE SHUMEI TAIKO ENSEMBLE

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    ¿Tienes correspondencia? correo (@) elwarpig.com

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5 Comments

  • Antonio
    January 23, 2016 at 10:21 am

    Y qué tranza? cómo sigues?

  • Raul
    January 23, 2016 at 11:28 am

    Me gusta leer tus anécdotas. Siempre con algo chingón, saludos mi War.

  • EdGaMe
    January 27, 2016 at 10:20 am

    Suerte WAR.. te deseo que todo salga bien y recuperes la salud rápido. Es raro pero después de un tiempo de leerte/oírte por web te aprecio cabrón (sin jotear) Échele peligro!!
    Ed

  • Merces Letifer
    January 27, 2016 at 11:31 pm

    Y que paso con la cirugía?

  • Jose Flores
    January 28, 2016 at 3:34 am

    Que tengas una pronta recuperacion Wars!

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